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Los cosacos. Del comienzo a la Segunda Guerra Mundial [II]: 1917 – 1942

Octubre de 1917.

Los bolcheviques toman el poder en Rusia y la guerra civil estalla. La mayoría de los cosacos se cuentan entre los adversarios más hostiles de los rojos y forman lo esencial del ejército blanco (color que simboliza tradicionalmente la realeza).

La división de caballería del general Ungern-Stenberg y las divisiones cosacas del atamán Semiónov en Transbaikalia componen el último cuadrado que combate contra los rojos antes de la derrota final, en 1922.

Siempre animados por una voluntad feroz de independencia, algunos jefes cosacos intentan sacar provecho del conflicto para reedificar unos Estados cosacos autónomos liberados de toda autoridad central. Así logran establecer un esbozo de Estado cosaco en la región del Don.

Piotr Krasnov

Piotr Krasnov será su primer atamán elegido en 1918. Un intento similar se efectúa en Kubán y en 1920 se constituye un Estado federal que agrupa los territorios cosacos del Don, Kubán y Terék. Pero la victoria definitiva de los rojos destruye toda velocidad de independencia: el poder bolchevique barre las instituciones autónomas y los territorios cosacos unidos en las repúblicas soviéticas de Rusia y Ucrania.

Decenas de miles de cosacos huyen al oeste mientras que sus tierras se redistribuyen y la apisonadora de la represión bolchevique aplasta todo germen de oposición sospechada de las poblaciones que se han quedado. Durante las dos décadas siguientes, unos grupos de disidentes de cosacos subsisten en las zonas aisladas y fomentan miserables intentos de complot contra Stalin, rápidamente neutralizados

Hasta el 22 de junio de 1941.

Violando el pacto de no agresión germano-soviético de 1939, los nazis lanzan la operación Barbarroja e invaden Rusia. Una parte de la población local acoge al invasor como liberador y ve en Hitler la única oportunidad creíble de derrocar a Stalin y el poder bolchevique. Los cosacos la sienten con una intensidad especial.

3 de agosto de 1941.

El 436º regimiento de infantería cosaco del Ejército Rojo, comandado por el mayor Iván Konovov, se aposta en Maguilov, Bielorrusia. Tiene enfrente el Panzer-Gruppe 3 del grupo de ejércitos del Centro de la Wehrmacht. A punto de aplastar a su adversario, Konovov, que profesa un odio indescriptible al régimen estalinista, decide, tras haber avisado a sus oficiales, enviar a un emisario a los nazis para hacerles saber que desea incorporarse al ejército alemán. Los alemanes aceptan y el 436º regimiento de infantería del Ejército Rojo pasa, en su totalidad, al enemigo. Se convierte en el 102º regimiento de cosacos integrado en la Wehrmacht.

El acontecimiento se extiende como una mancha de aceite y cuando los alemanes, durante el verano de 1942, entran en los territorios cosacos del Don, Terék y Kubán, un número increíble de hombres se presenta espontáneamente a los alemanes para ponerse a su servicio. Así se establecen varias unidades cosacas en el seno del ejército del Reich, pero no son objeto de una dirección única y autónoma. Los cosacos no son los únicos que pasan al enemigo.

Andréi Vláslov

Más o menos en la misma época, Andréi Vlásov se une también al Reich. Famoso general del Ejército Rojo que combatió ferozmente a los alemanes durante el sitio de Leningrado, cambia de chaqueta cuando la Wehrmacht lo captura en 1942 y propone sus buenos oficios a Hitler.

Su objetivo es aprovechar la oportunidad para liberar a Rusia del yugo estalinista y formar un ejército ruso unificado bajo su mando, el Ejército Ruso de Liberación (ROA). Numerosos eslavos siguen a Vlásov y se incorporan al ROA. Este ejército es en realidad inconsistente, pues el Führer nunca tuvo la intención de dejar a un eslavo el menor poder de dirección. Existen unidades y batallones eslavos, pero se reparten por todo el ejército alemán y siempre se ponen bajo el mando de oficiales alemanes. Se estima, según las fuentes, que entre 1943 y 1945, de 500.000 a 1.000.000 hombres eslavos sirvieron bajo la bandera del Reich. 

En octubre de 1942

Los alemanes establecen un distrito cosaco semiautónomo en el Kubán poblado por 160.000 personas. Lo componen seis zonas dirigidas por alcaldes designados entre los cosacos. Las libertades de culto, cultura y educación se reestablecen. Los koljós soviéticos se desmantelan y las tierras se redistribuyen. 

Paralelamente, un oficial alemán, Helmut von Pannwitz, intenta convencer a Hitler de la utilidad de reunir todas las unidades cosacas bajo un solo mando. Nacido en 1898 en una Polonia bajo dominación rusa. Von Pannwitz habla el idioma y toma afecto en su juventud a los cosacos establecidos del otro lado de la frontera. Queda marcado para siempre.

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